Ser auténtico es inevitable. Pero también es una responsabilidad, una apuesta, un riesgo e incluso, en ocasiones: imperdonable.

Cuando llegué al aeropuerto de México D.F., creía que iría directamente a los estudios del cantautor contemporáneo de más éxito de México, Enrique Guzmán Yánez (Fato para amigos y seguidores). Pero no fue así.

En su lugar, me llevaron directamente a casa de Fato, quien me recibió como si siempre nos hubiéramos conocido, con una amabilidad, una confianza y un cariño que pocas veces he sentido, y ciertamente jamás en un primer encuentro.

Esa misma noche la pasamos casi en vela, hablando, cenando unos deliciosos tacos traídos de un puesto y exorcizando recuerdos de todas formas y colores.

Me acusan portada interior

Pero aún quedaba mucho por vivir, saber y conocer. En los siguientes días tuve la fortuna de ser invitado a acompañarle a uno de sus conciertos, pude convivir con todo su magnífico equipo y con él mismo, tan llano, franco y accesible como un buen amigo puede serlo.

En el transcurso de dos semanas, pude compartir con él muchas anécdotas y él hizo algo aún más generoso: compartirme las suyas y abrirse de par en par sin tapujos.

De esas anécdotas, de su propia historia, su biografía descarnada, pude conocer mucho de su lucha por ser quien ahora es, de las batallas que libró, ganó y perdió. De las decisiones que tuvo que tomar y sus consecuencias, así como de lo que aceptó vivir y sufrir por una idea escrita a fuego en su pecho: ser quien inevitablemente es y vivir amando cada momento para contarlo en el lenguaje que tan bien conoce.

Pero, como he dicho, ser auténtico tiene un precio.

De ahí nace «me acusan» que, no solo cuenta la odisea de Fato hasta llegar a donde ahora se encuentra, sino que deja en evidencia las razones reales por las que a algunas personas les molesta tanto la presencia de otras.

Cuando la escuches, inevitablemente, te sentirás identificado/a. Solo espero que la bandera de tu bando sea la adecuada.